Dredd cartel
Follow Dirección: Pete Travis. Estreno: 7 sept 2012

DREDD – Crítica

Nota Muvin.es
6.0
Lo bueno: El preciosismo visual de las secuencias de cámara lenta.
Lo malo: Lo plano de los personajes. Se podría haber hecho una adaptación más interesante.
Nota Usuarios
8.6
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Segunda adaptación al cine del comic británico de culto “Juez Dredd” creado a finales de los 70 por el escritor John Wagner y el dibujante de origen español Carlos Ezquerra, y que cuenta las aventuras del Juez Joseph Dredd en un futuro post-apocalíptico en el que América es una tierra tóxica radiactiva, y 800 millones de personas se hacinan en la megalópolis Mega City One y en sus “megabloques”, edificios-población de 200 plantas y decenas de miles de habitantes. El caos, el crimen y la violencia son habituales, y los únicos que se alzan entre la barbarie y la ley son los Jueces, policías acorazados con el poder de juzgar y ejecutar cualquier crimen en el acto.

La película “Dredd” cuenta la historia de un día cualquiera de patrulla del juez Dredd (Karl Urban) al que le toca evaluar a la novata de turno, una juez recién graduada con notas mediocres, pero que es la mejor mutante psíquica de la ciudad, Cassandra Anderson (Olivia Thirlby). Un crimen salvaje les llevará hasta el megabloque “Peach Tree” donde Dredd y Anderson se verán envueltos en una espectacular lucha a vida o muerte encerrados en ese laberinto de acero y hormigón y perseguidos por todo el sanguinario clan de Ma-Ma (Lena Headey), que controla el mercado de la nueva droga de diseño “Slo-mo”.

DREDD

Con una atractiva ambientación de ciencia ficción urbana, “Dredd” es una película de acción pura y dura, siempre entretenida y a ratos espectacular, si bien sus personajes son tan planos como violentos. Sin embargo, lo convencional de la trama, la falta de desarrollo y explicación del mundo de Dredd, sus motivaciones y entorno –y hasta de sus armas y vehículo (la moto blindada “lawmaster”, infrautilizada en el film)– da que pensar que la película está más dirigida a los amantes del cine de acción que al de ciencia-ficción o incluso a los fans del cómic, dado que la historia que se cuenta –con las modificaciones pertinentes– lo mismo podrían haberla protagonizado Batman, John McLane, o los Mercenarios de Stallone.

La trama básica (y única) de la película es la del cazador cazado, por partida triple. En un principio Dredd y Anderson son los cazadores de delicuentes, pero al atrapar a un lugarteniente que sabe demasiado se convierten en presa del clan Ma-Ma en esa gigantesca y furista ratonera que es el megabloque “Peach trees”, aunque cuando a Dredd no le dejan otra opción, vuelve a convetirse en letal cazador de Ma-Ma. No hay subtramas, ni personajes secundarios, ni romanticismo, ni profundidad de ningún tipo.

Lo que sí hay es acción trepidante durante la primera mitad de la película, la cual, tras una segunda parte más lenta y aburrida –por la repetición de secuencias de persecuciones y tiroteos por pasillos oscuros– da paso a un entretenido final sin sorpresas. Los jueces juzgan, sentencian y ejecutan. Y punto.

El momento en que todo comienza a ir mal para nuestra pareja de jueces se basa en un personaje que ya es un cliché, y que comenzó con aquel jovencito Mathew Broderick en “Juegos de Guerra” allá por principios de los 80: el del hacker-mago. Un chico (o chica) con algún trastorno de ansiedad, superdotado para la informática que puede, con el espectacular decorado informático de turno y un rato de montaje frenético tecleando cosas ininteligibles en pantallas de diseños misteriosos, hacer cualquier cosa. Y nosotros tenemos que creernos –en este caso– que el chaval de turno (un estupendo Domhnall Gleeson, hijo de gran actor Brendan Gleeson) es capaz de engañar al sistema de seguridad de los Jueces. A pesar del cliché, en este caso el personaje del hacker refleja el dañino uso que las personas crueles y sin escrúpulos como Ma-Ma pueden hacer del talento de unos jóvenes tan brillantes como desorientados por una sociedad que no ofrece salidas.

En cuanto al resto de personajes, los principales, están casi menos desarrollados que el probre hacker.

De Joseph Dredd no sabemos nada de él, ni de su pasado, ni de sus motivaciones, ni de su oscuro interior, apenas sugerido por su compañera psíquica al comienzo de la película y no resuelto en ningún momento. Dredd se limita a ser el mejor Juez posible, implacable con los criminales, y cien por cien eficaz en el uso de su arma genéticamente codificada.

DREDD

Un poco más de suerte argumental corre el personaje de la novata Anderson, encarnada por una sexy Olivia Thirby. Por lo menos con ella tenemos la duda –bueno, en realidad no, pero hagamos como que sí– acerca de si conseguirá o no superar la dura evaluación de Dredd a lo largo de su particular training day. Además Anderson aporta un toque de belleza y humanidad casi refrescantes dado lo claustrofóbico y violento de la película. Sus poderes psíquicos y su determinación resultarán ser tanto o más efectivos que las letales balas explosivas de Dredd. Y su fortaleza interior será la que salve la situación llegado el momento.

Especial mención requiere el personaje de la mala malísima, Ma-Ma, interpretada por la genial Lena Heady –más conocida por su excelente trabajo como Cersei Lannister en “Juego de Tronos”– y a la que en un primer momento cuesta reconocer debido a un excelente trabajo de caracterización: morena y con una cicatriz desfigurando su bello rostro. Es el personaje con un trasfondo más desarrollado: de prostituta a sanguinaria jefa de todo un cártel de fabricación y distribución de la droga de moda, el “Slo-mo”.

Destacan precisamente las secuencias dedicadas a los efectos de dicha droga. “Slo-mo”, es la abreviatura de slow-motion: cámara lenta, dado que la sustancia en cuestión reduce la actividad cerebral a un 1%, lo cual hace que el afectado lo vea todo a cámara súper lenta, efecto recreado magníficamente en varias y sorprendentes secuencias del film. La justificación por guión del gore visual en glorioso 3D. ¿Alguna vez en alguna película se había visto a cámara súper-lenta cómo una bala perfora la cara de un malvado, entrando por una mejilla, y saliendo por la otra?

En definitiva, Dredd es una “película-shooter” que, en cuanto al argumento, parece un capítulo más de una hipotética serie de películas sobre el Juez Dredd, y en cuanto a la forma, parece un videojuego en el que el espectador disparara a los malvados que aparecen tras cada esquina, en grupos o solos, mientras cambiamos de tipo de munición para ser lo más letales –y afines a la ley– posible.

Como adaptación del cómic, lo más aplaudido por los fans del mismo será el hecho de que el Juez Dredd nunca enseña su cara, hecho respetado a rajatabla en la película, para desgracia del bueno de Karl Urban, al que solo le quedan su boca, su voz y su cuerpo para interpretar. Y sale muy bien parado del apuro, la verdad. Durante toda la película –en al versión original, al menos– proyecta una voz gutural y retumbante tipo Batman, y sus muecas y gestos de desagrado son más elocuentes que cualquiera de sus escasas pero contundentes líneas de guión.

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Menos mal que, en contraste, la novata Anderson no lleva el casco, por aquello de no estropear sus poderes psíquicos, lo cual convierte a la pareja en la Bella y la Bestia de la justicia rápida y autoresolutiva.

Las comparaciones son odiosas, pero no podemos olvidar la primera adaptación que se hizo de este cómic allá por 1995. Un Sylvester Stallone en la cima de su carrera se ponía alzas y lentillas azules para interpretar a Dredd, en una película galardonada con varios premios a la “peor película” en diversos apartados. Si bien en aquella cinta al menos remitían a una trama más personal y más ambiciosa que la de esta nueva adaptación, en la que conocíamos los orígenes de Dredd, creado ex profeso genéticamente; a su hermano malvado Rico Dredd; el funcionamiento de la organización de los jueces; y hasta la “Tierra Maldita” que rodea Mega City One; todo ello basado en uno de los arcos argumentales más populares del cómic.

De todo eso, en la película que nos ocupa, solo quedan el rudo y taciturno carácter de Dredd, y la novata Anderson, que durante cuatro años sí acompañó al Juez Dredd en sus andanzas en las viñetas.

Por lo menos la adaptación anterior planteaba preguntas sobre la Justicia, sobre si un policía –un ser humano, al fin y al cabo– que es a la vez juez, jurado y verdugo es siempre infalible o no, y sobre la eterna discusión acerca de si el fin justifica los medios. Yo no le pido a una cinta de acción que me haga reflexionar, pero sí se lo pido a una de ciencia-ficción. La idea sobre la que especula debe llegar, o el género no sirve más que para entretener. Y eso es lo que hace este nuevo “Dredd”, entretiene con su espectacular violencia visual, usando para ello un personaje de cómic tan interesante como desaprovechado.

Por último, y como dato curioso para animar a los lectores a descubrir el cómic del Juez Dredd, decir que se sigue publicando desde su nacimiento en 1977, y que sus autores han respetado la edad cronológica de Dredd, que en la actualidad tiene más de 70 años y es el juez más viejo –y más duro– en activo.

Se merecía una película más justa.

DREDD - Crítica, 8.6 out of 10 based on 7 ratings
Quino A. Ventura


Titulado en Dirección Cinematográfica.
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