Cartel Elefante Blanco
Follow Dirección: Palbo Trapero

Elefante Blanco

Nota Muvin.es
6.5
Lo bueno: Las interpretaciones del reparto, y el talento de Pablo Trapero en la puesta en escena.
Lo malo: Su no saber, o no querer, centrarse en uno de los protagonistas, que lleve mejor la trama y con quien el espectador pueda identificarse.
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ELEFANTE BLANCO narra la historia de amistad de dos curas, JULIÁN y NICOLÁS, que tras sobrevivir un intento de asesinato por parte del Ejército durante su trabajo en Centroamérica, se asientan en una barriada de Buenos Aires para desarrollar su apostolado y labor social.

Allí conocen a LUCIANA, con quien lucharán codo a codo contra la corrupción, mal endémico de la zona. Su trabajo les enfrentará a la jerarquía eclesiástica y a los poderes gubernamentales y policiales al arriesgar su vida por defender su compromiso y lealtad hacia los vecinos del barrio.

Argentina/España/Francia, 2012 – 106 minutos – Drama social

Director: Pablo Trapero. Guión: Pablo Trapero, Martín Mauregui, Alejandro Fadel, y Santiago Mitre. Intérpretes: Ricardo Darín, Jérémie Renier, Martina Gusman, Federico Benjamín Barga, Mauricio Minetti, Walter Jakob

Rodaje Elefante BlancoHace dos años (cuánto hemos cambiado desde entonces, ya no somos los mismos y por otro lado seguimos siendo exactamente iguales) vi una película argentina titulada Carancho, ambientada en las ilegalidades de las aseguradoras y las mafias que encuentran en los accidentes de tráfico una perfecta estafa, que me dejó totalmente boquiabierto. Todo en esa obra maestra me enganchó, ya fuera la sublime interpretación de ese portento que es Ricardo Darín, o los ojos de su compañera Martina Gusman, con los que aún sueño algunas noches. Pero sobre todo, lo que ya nunca ha desaparecido para mí es el nombre de su director, Pablo Trapero. Su dirección me pareció, sencillamente, magistral, llena de pulso, y nervio, de urgencia, de fuerza, sirviéndose de unos larguísimos y aún más complejos planos-secuencia (similares a los de Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón, pero sin trampa ni cartón), como con el que finalizaba la película, acaso los cinco últimos minutos más intensos y espectaculares que he visto jamás en una película. Inmediatamente, busqué y encontré el resto de su filmografía, dispuesto a devorarla. A día de hoy, todavía no he visto ninguna.

Y seguramente se deba a que uno tiene muchas pelis guardadas para ver, mucho que hacer, falta tiempo y vida y espacio. Pero por otro lado, me daba miedo asomarme a otro film de Trapero, y que no estuviera a la altura de la obra que me había hechizado (algo absurdo en el cine; si por eso fuera, hace años que habría dejado de ver a Woody Allen). De ahí la ilusión, y también temor, con la que acudí al pre-estreno de su última película, Elefante Blanco. A los escasos cinco minutos de proyección, mis temores se confirmaron.

Elefante Blanco

El film de Trapero es una obra mucho más interesante que lograda, más esclarecedora que desafiante, más emotiva que emocionante. Sus intenciones, denunciar la precaria situación de un poblado marginal a escasos kilómetros de Buenos Aires, un territorio sin ley y abandonado a su suerte, son encomiables, y resulta también sumamente revelador la luz que arroja sobre ciertos sacerdotes y sectores religiosos que, realmente, desempeñan grandes e imprescindibles labores humanitarias, consagrando su vida a los demás, ayudando y luchando por un mundo mejor muy alejados de esa sierpe de mil cabezas llamada Iglesia a la que, curiosamente, sirven. Prácticamente toda la filmografía de Trapero está centrada en temas sociales, en filmes de denuncia que disfraza hábilmente de género (el drama carcelario en Leonera, el thriller en Carancho), y suele ser extremadamente parco en la puesta en escena, dejando que la trama se desarrolle por sí sola, y que sean los personajes quienes encuentren la conexión con el espectador.

Elefante Blanco

Ése es el principal problema de este Elefante Blanco, y es que, a pesar de contar con el mismo equipo de guionistas (Trapero incluido) que en Carancho, la historia no llega de la misma forma, quizá porque en su ambición de mostrar toda la complejidad del poblado, y las ramificaciones (políticas, religiosas, mafiosas, culturales) que conlleva, Trapero descuida a sus tres protagonistas, y sobre todo, adolece de una terrible pérdida de foco, al no saber si centrar la historia en el personaje de Ricardo Darín o en el de Jérémie Renier, ambos estupendos personajes con jugosos (y perdón) traumas y problemas tras ellos, pero dejados un tanto de lado. La culpa, no es, desde luego, de su entregado reparto: Darín hace años que dejó de actuar porque ya no le hace falta, pocos actores tienen esa presencia, y esos ojos, y esa fuerza; el belga Renier compone un personaje lleno de empatía, de humanidad, con una mirada limpia y sincera (si me hubieran preguntado a mí, habría dicho que el film debía centrarse en su personaje; pero claro, nadie me preguntó); Martina Gusman resuelve bien la papeleta de ser el personaje más desdibujado del conjunto; y la gran cantidad de secundarios, la mayoría no profesionales, aportan una gran verdad y autenticidad, especialmente quien interpreta a Monito, personaje trascendental en la trama.

Por supuesto, la película tiene momentos magníficos, como los enfrentamientos entre Darín y Renier, el primer encuentro amoroso entre éste y Gusman, o cualquiera de los planos-secuencia marca de la casa que aparecen en el film, especialmente el primero, larguísimo, que nos muestra por vez primera el poblado (y que, como el propio director dijo en la rueda de prensa, no sirve sólo “para que el espectador se haga una idea geográfica del lugar, sino como una excelente forma de relacionar a todos los personajes, que viven y trabajan codo a codo día tras día”), aquél que sigue el asalto de las fuerzas armadas, o el último, que lo emparenta directamente con el final de Carancho.

Es por eso que, a pesar de su ausencia (o dispersión) del foco narrativo, de su carencia dramática y emotiva, de su indeterminada conclusión, Elefante Blanco es una película que debe verse, y no sólo por su riqueza formal o las estupendas interpretaciones de su reparto, sino porque nos habla de cosas que desconocemos, o que a veces se nos olvidan, de miserias que están justo al lado nuestro, de que a veces hay que luchar, y seguir luchando, porque, a diferencia de lo que nosotros mismos pensamos, sí podemos hacer de éste un lugar mejor. Y además lo hace sin aleccionar ni juzgar, como sí hacen las malas películas sociales; sino ofreciendo una historia, y buscando el entretenimiento del espectador. Quizá no lo consiga, quizá se quede en el camino, pero, al igual que sus personajes, lo intenta. Así que les aconsejo que vayan a verla. No hagan mucho caso de su tráiler (no esperen acción como nos la intentan vender, ni un triángulo amoroso porque no lo hay <a menos que consideremos a Dios como el tercero en discordia>), pero véanla, que les guste o no, no les va a dejar indiferentes. Y luego, o ya, o en algún momento de su vida, vean la ya mencionada mil veces Carancho. Yo por mi parte, voy a saldar esa cuenta que tengo con Trapero.

En dos años les cuento.

Elefante Blanco, 7.3 out of 10 based on 3 ratings
Mario Hernández


Titulado en Dirección Cinematográfica.