Crítica de Jack el cazagigantes

Nota Muvin.es
6.0
Lo bueno: Los secundarios
Lo malo: Los efectos visuales podrían estar bastante más logrados para una superproducción de 185 millones de dólares. ¿O qué?
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Jack el Cazagigantes Bryan Singer parece empeñado en mantener en darnos una de cal y otra de arena en su carrera. Tras darse a conocer con la magistral Sospechosos habituales en 1995, aún hoy su obra maestra, entregó la estupenda Verano de corrupción y fue pionero en tomarse en serio las películas de superhéroes con sus dos primeras partes de X-Men, que aunque no es que me parezcan gran cosa, fueron determinantes para la eclosión de Spider-Man y la madurez definitiva del género con la Trilogía de Batman de Christopher Nolan. Y de cómic a cómic, Singer dejó a la Patrulla X para resucitar al superhéroe por antonomasia: Superman. La ostia fue mayúscula. Superman returns fue un bodrio que no gustó a nadie y que enterró al kriptoniano de calzoncillos rojos en el cementerio cinematográfico durante 7 años, hasta este verano que veamos qué ha hecho Zack Znyder (y Nolan) con El hombre de acero. A punto de acabar con su carrera, Synger intentó remontar el vuelo con Valkiria, que fue un fracaso pero es notablemente mejor de lo que se dijo en su  momento. Tras cinco años dedicado a la televisión (la única que le proporcionaba alegrías: era el productor ejecutivo de House) ha vuelto con una película que… En fin. Que uno no sabe muy bien por qué tiene que perder el tiempo y la batería del ordenador hablando de Jack el cazagigantes.

Jack el Cazagigantes

Y no es que sea mala, ojo. Porque no lo es. Simplemente es… anodina. Innecesaria. Indiferente. ¿Es espectacular? Nada que no hayamos visto ya, en 3D, sin 3D, a 48 fps, o borrachos como comadrejas, con una botella de ron en una mano y un cesto gigante de palomitas en la otra. ¿Es divertida? No especialmente. La trama se desarrolla de forma previsible, sorpresas hay más bien pocas, y el entretenimiento viene casi siempre de su magnífico reparto de secundarios, más allá de sus excesivos efectos visuales, su atronadora música, o su ritmo (falsamente) vertiginoso. ¿Es entretenida? Bueno, oigan, sí. Que yo me entretengo más fumándome un cigarro en el balcón viendo cómo este país se va a la mierda, pero cada uno tiene sus cosas. Algo que no se le puede negar a Jack es que es un espectáculo para todos los públicos y cuyo tono no engaña: los padres no son tratados como inútiles y a los niños no se les endosa una historia profunda ni con dobleces. En ocasiones, es incluso de agradecer esa ligereza, esa simpleza de la que hace gala el film, un intento de entregar una aventura de las de siempre, el campesino noble de corazón enfrentado a un gran reto, con los efectos visuales apabullantes de este ruidoso y dimensionado siglo XXI. Intenta Singer en ocasiones recuperar el espíritu aventurero de las películas de aventuras de los 80, que tantas alegrías nos siguen dando, desde Willow a Lady Halcón. Pero eso, se queda en un intento.

Jack el Cazagigantes

El problema que la diferencia de los filmes mencionados es algo tan simple y complicado a la vez como el corazón. El alma de la aventura. Vista hoy, Willow resulta de una sencillez incluso sonrojante (amén de un plagio descarado por parte de George Lucas hacia la obra de Tolkien), pero nadie le puede negar su espíritu aventurero, su emoción, y sobre todo, el alma que desprenden sus protagonistas. Jack el cazagigantes carece sobre todo de esto último: sus dos protagonistas, los jóvenes Nicholas Hoult y Eleanor Tomlinson no son especialmente malos actores, ni inexpresivos, puede que si salieran en Crepúsculo serían de lo mejorcito, pero no transmiten nada, nunca vemos en ellos nada más que dos actores jóvenes y guapos (ella, él tiene una patada en la boca) en la peli de turno. Afortunadamente están rodeados por un excelente conjunto de secundarios ingleses de esos que lo mismo les da estar recitando a Shakespeare que hacer el chorra en una superproducción. Ver a Ian McShane siempre es un placer, Ewen Bremmer tiene un lugar en mi corazón (y en mis intestinos) desde Trainspotting, Ewan McGregor es, haga lo que haga, adorable y encantador, el marido que querré para mi futura hija, y Stanley Tucci de malo es, sencillamente, delicioso.

Ellos proporcionan el escaso espíritu de la aventura, el humor, la intensidad. Algo que los gigantes recreados por ordenador, pese a lo atractivo de su diseño (el gigante al que pone voz Bill Nighy, con dos cabezas, una de ellas de rasgos y expresiones excesivamente similares a Gollum…), nunca terminan por dar al espectador.

Jack el Cazagigantes

Aún así Singer demuestra que conoce el oficio, no abusa del 3D ni comete el error de usar un montaje excesivamente cortado que perjudique a las tres dimensiones. Mantiene un buen pulso narrativo en su comienzo y en su final, más allá de el segundo acto se alargue innecesariamente fruto de un guión estirado y flojo, y entrega una excelente secuencia (el prólogo, donde los padres de los protagonistas narran, por separado, la historia de los gigantes, con un estilo de animación que, si se hubiera extendido al resto del film, quizá lo habría hecho más interesante), y una interesante idea final: como el relato, con el discurrir de los años, se mezcla, desvirtúa, exagera, cambia, transforma, hasta llegar a la historia que todos conocemos hoy acerca de Jack y las habichuelas mágicas. Un concepto no exento de interés acerca de la multitud de lecturas que ofrecen los relatos de los hermanos Grimm (y si no que se lo pregunten a los responsables de la más divertida Hansel & Gretel. Cazadores de brujas).

Así pues, en su mano está ir al cine a ver Jack el cazagigantes o no. Si tienen hijos, llévenlos, aunque solo sea para que se hagan una ligerísima idea de cómo era ese maravilloso y desprejuiciado cine de los 80. No creo que salgan con la sensación de haber perdido el tiempo, ni de haber sido engañados. Tampoco saldrán especialmente conmovidos, o divertidos. Yo por mi parte me salgo a fumar al balcón, mientras espero la próxima jugada de Singer, su retorno al universo cómic con X-Men: Days of Future Past, secuela de la estupenda X-Men: Primera Generación. Aunque preferiría que Matthew Vaughn repitiera como director, Bryan Singer tiene mi voto de confianza. Espero que, por lo menos, esté a la altura de un buen episodio de House. Cielos, qué grande era esa serie.

 

Mario Hernández


Titulado en Dirección Cinematográfica.